La Catrina, cuando la muerte es una burla

La Catrina, cuando la muerte es una burla

Los mexicanos sea de forma subliminal, satírica o realista, han rendido culto a la muerte desde tiempos prehispánicos.

Incluso  ya los Mayas, esa poderosa y sabia cultura milenaria que se asentó en donde hoy es Yucatán, justo donde cayó el asteroíde que destruyó los dinosaurios y gran parte de la vida de la Tierra; hacían alegoría a la muerte en sus jeroglíficos plasmados en piedra y formas de diferentes materiales.

“La parca” como le decían los españoles en tiempos de conquista a la muerte, ha hecho parte  instrínseca de la cosmovisión que sienten y presumen los mexicanos sobre esa realidad que dá la estocada final a la vida, y la certeza de eternidad que presume la muerte.

Y en tiempos ya más recientes empezaron a surgir manifestaciones culturales que enfrentaban a la muerte de una forma atrevida, desafiante y burlona.

 

 

Desde una caricatura

Resulta llamativo que un ícono que es casi una representación universal de la cultura, sentir, identidad y costumbres mexicanas, naciera practicamente de un dibujo, de una caricatura. El poder de un lápiz o de una sola frase, podríamos decir, puede transfomar sociedades completas.

Antes de la Revolución mexicana y cuando gobernaba México el dictador Porfirio Diaz, las clases altas y más favorecidas por el régimen se ufanaban de sus lujos y privilegios ante la clase media y los más pobres. Igualmente una población extensa de cultivadores de garbanzo de origen indígena y con ínfulas de parecerse a los europeos que llegaban a vivír en cómodas villas y palacetes, denigraban de su origen y aparentaban ser ricos siendo pobres, llevando vidas falsas y arribistas; corrían los años finales del siglo XIX y principios del XX.

 

Catrinas mexicanas
Catrinas mexicanas

 

Ante esta farsa de los agricultores y la opulencia descarada y cínica de los privilegiados por el régimen; un dibujante, grabador y caricaturista llamado José Guadalupe Posada oriundo de Aguascalientes, comenzó a ridiculizarlos a todos con dibujos de esqueletos en cuyas calaveras llevaban sombreros de diferentes tamaños, formas y colores, montados a caballos, en fiestas opulentas, y realizando negocios descarados; caricaturas acompañadas  de textos burlescos, metáforas y críticas; a su creación esquelética le llamo “La Calavera garbancera”, con una frase u obituario: “La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, blanca, negra,  morena, rica o pobre, fea o bonita, toda la gente acaba siendo calavera”. Se convirtió en una crítica social.

Esta caricatura satírica pronto empezó a popularizarse en todo el país, y más rápido aún, ya traspasaba fronteras pues muchos importantes diarios del mundo la empezaron a replicar.

Fue años más tarde por los años de 1945 que el inmortal pintor Diego Rivera la rebautizara llamándola “La Catrina”.

 

 

La historia se reescribe

El gran muralista la readapta vistiéndola con vestidos coloridos, sombreros con flores, maquillajes, elegantes zapatos, y a ellos los viste con vestidos de sastre, corbatas, finos sombreros, y los llama “Catrín”, son hombres acaudalados, elegantes y ricos.

Su obra magistral retratando a “La Catrina” la plasmó en su obra “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, que está expuesta en el Museo Mural Diego Rivera en Ciudad de México, construído exclusivamente para albergar esta portentosa obra.

Con la obra  de Diego Rivera  “La Catrina” se ubica en el Olimpo universal del arte, elevándola casi a nivel de una deidad sin realmente pretender serlo, al contrario es demasiado terrenal, pues no debe haber algo más terrenal que un esqueleto.

Aunque este esqueleto no es cualquiera.

Ha resignificado el orgullo nacional de los mexicanos, y hace parte de las tradiciones, festividades, bailes, cantos, artesanías, expresiones materiales e inmateriales, orales, y todo cuanto reunifique el sentir del mexicano.

 

 

Y después de Diego Rivera otro gran artista que se dejó seducir por los encantos de “La Catrina”, ha sido el británico Andrew Gallimore, famoso mundialmente por sus maquillajes cuyas manos han trabajado sobre personajes como la Reina Isabell II, Madonna entre muchos otros, y realizado portadas de las mejores publicaciones europeas; quien ha sido quizá el mejor exponente de este ícono mexicano en numerosas obras.

Este ícono calavérico ha sido inspiración para múltiples artistas mexicanos y de otros lugares, no hay límites para transmutaciones que se alejan y se acercan pero que nunca se separan de su esencia, una caricatura hecha con desdeño y sin pretensiones hace más de cien años, y que hoy  hace parte  entrañable del sentir de los mexicanos.

 

 

La Catrina, cuando la muerte es una burla
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